Vida
Jaume Bauló Hostau nació en Gandesa (Tarragona) en 1929 y murió en Santa Coloma de Gramanet (Barcelona) en 1997. Desde joven mostró gran curiosidad por aprender y por las manifestaciones artísticas singulares, poco convencionales. Su periodo de escolarización fue breve y accidentado por las circunstancias de la época (guerra civil española) y las familiares (huérfano de padre a los siete años). No le quedó otro remedio que ser autodidacta en todos los trabajos y emprendimientos. Tuvo que dedicarse pronto a las labores del campo y tuvo que aprender rápido los diferentes oficios con los que salió adelante a su llegada a Barcelona. Los aprendizajes necesarios los compaginó con sus mayores aficiones: la lectura, el coleccionismo, el dibujo y, sobre todas las cosas, la música. La vida no le brindó la oportunidad de mostrar su capacidad creativa y sus dotes para la música y el canto más allá del círculo familiar, de amigos y conocidos. Pero nunca dejó de practicar como diletante en todas aquellas disciplinas que le llamaban la atención, nunca dejó de frecuentar museos, conciertos, librerías de viejo, exposiciones, mercados de antigüedades,... como tampoco se alejó del campo, la montaña, el mar,... todos los escenarios de la naturaleza que hasta el último momento de su vida, días antes de morir se encontraba en la Pobla de Lillet soñando con pasar allí largos periodos de tiempo, fue su mayor fuente de inspiración y su amor eterno.

Malos años para la inocencia. Guerra, trabajo y juergas.
El más pequeño de una familia de campesinos, queda huérfano de padre a los 7 años y se ve obligado a cuidar de su madre, Josefina Hostau, y de sus dos hermanas: Francisca y María. Sin escolarización, con una Guerra Civil asolando su pueblo y teniendo que asumir la responsabilidad de ser el hombre de la casa, la infancia y la juventud fueron difíciles para Jaume. Pero su carácter jovial y su capacidad innata para entretener a los demás le llevan muy pronto a interesarse por la música. El trabajo del campo es duro, pero las juergas en las que no falta la música y el baile sirven para aliviar las penalidades. Y cuando hay unos céntimos extras ir al cine es una fiesta.
Gana algunos concursos de cante y de forma autodidacta comienza a estudiar trompeta y violín. Nadie sabe de dónde salieron aquellos viejos instrumentos con los que comenzó a soñar ser alguien en el mundo de la interpretación.

Destino Barcelona, Estació de França
Al carecer de expectativas de trabajo en su pueblo, Jaume se aventura, como casi todos los jóvenes en su misma situación, a probar suerte en Barcelona. Maleta en ristre llega a la Estación de Francia y se aloja en casa de unos amigos. Trabaja en todo lo que le ofrecen, desde albañil a repartidor de vinos. Las mismas circunstancias que le llevaron emigrar a la capital también le brindaron la oportunidad de recibir algunas lecciones de música con famosos artistas de la época como Augusto Algueró Algueró (uno de los introductores del jazz en España) o ser escuchado por el maestro Manolo Caracol. Ambos le alientan a continuar con los estudios tanto por la excelencia de su voz como por su talento tocando la trompeta, ese instrumento con el que había practicado en soledad y que dominaba con soltura gracias a un excelente fondo y forma física.

Formar una familia, construir una casa y forjarse un futuro profesional
La responsabilidad de enviar dinero a su familia y la llamada del amor interfieren sus planes de estudios musicales. Se reencuentra con la joven Pepita Doménech, la hermana de su mejor amigo, de la que estaba enamorado en silencio desde hacía años. Tras atreverse a pedirle matrimonio, se casan en 1956 en la Iglesia de Belén. Su primera vivienda es una minúscula habitación de realquiler en la calle Buensuceso, muy cercana a Las Ramblas. Las condiciones son bastante insalubres y, además, pierden a su primer hijo por culpa de una negligencia médica. Es un amargo trago del que les costará recuperarse.
Jaume se empeña en conseguir una licencia de taxista, pero justo cuando lo logra recibe una oferta de trabajo de La Maquinista Terrestre Marítima, la empresa insignia del INI, Instituto Nacional de Industria. Acepta el trabajo y se trasladan a vivir a la montaña de Singüerlín, en Santa Coloma de Gramanet donde, sin ayuda de nadie y solo con el aliento de su pareja, construye una pequeña casa por la noches mientras de día sigue trabajando en la fábrica. Se trata de una parcela con huerto cedida por uno de sus jefes de la Maquinista, el ingeniero Joan Ribera, ex combatiente republicano con el que entabla una gran amistad. A pesar del agotamiento por el esfuerzo de trabajar y construir su hogar, asiste a las clases particulares que le imparte Ribera. Las principales materias son las matemáticas y los rudimentos técnicos que le permitan entender y dibujar planos. Pero también se inicia en sus primeras lecturas literarias e incluso en algunas nociones de esoterismo y ciencias ocultas que son muy del gusto de su mentor.
Cuando se hace inminente la llegada de un nuevo hijo, la pareja se traslada a un piso de alquiler en la calle Irlanda del mismo municipio.

La lucha siempre continua
El momento político que se vive en España en los años 70, encuentra su reflejo en los movimientos estudiantiles y obreros de universidades y fábricas. El complejo industrial de La Maquinista no es ajeno a ello y el todavía joven Bauló participa con auténtica pasión y convicción de todas las protestas y huelgas del momento.
Por aquel entonces conoce al sevillano Manuel Gerena poeta y cantaor flamenco español que, al estilo de Paco Ibáñez el cantautor, representa el sector más radical de la canción protesta. Como una reliquia guardó Jaume el single que le dedica Manuel Hasta el carbón con que escribo/ Más golpes estoy recibiendo editado por Bélter en 1971.
Tras diversos enfrentamientos directos con la patronal, recibe una amonestación severa que lo sitúa al borde del despido. Momentáneamente le trasladan a las decimonónicas naves de La Maquinista en el barrio de la Barceloneta. Junto con su esposa deciden buscar una portería en Barcelona para asegurarse el sustento si llega a perder su trabajo. En la época, varios convecinos Gandesa como su propio cuñado Juan Doménech probaron esa suerte de oficio. La pareja encuentra acomodo en un edificio de la calle Aribau y allí se trasladan con su hija pequeña. Aunque nunca llegó a producirse el despido de Jaume, el trabajo de Pepita como portera durante aproximadamente cuatro años les permite ahorrar lo suficiente para dar la entrada de un piso y así regresan a Santa Coloma de Gramanet como propietarios.
En la fábrica son momentos de mucho trabajo, las famosas horas extras. Aún así, saca tiempo para seguir cultivándose, ahora con la complicidad de su hija, una devora libros con la que comparte mil aficiones que van desde el ajedrez a la política y, cómo no, los libros y el vintage en toda su extensión.

Jubileo y nuevos proyectos

Los regresos, el regreso, el adiós
La reconversión industrial española de la década de los 80, le dan a Jaume la oportunidad de jubilarse de forma adelantada a la edad que le hubiera correspondido. Contrariamente a lo que les sucede a muchas personas, cambiar su vida laboral por el ocio no le supone ninguna depresión. Al contrario, es el momento en que puede dedicarse de pleno sus aficiones. El coleccionismo ocupa parte de su tiempo con constantes visitas a los anticuarios, numismáticos, chatarreros... de Los Encantes, el Mercado del libro de Segunda Mano de San Antonio, las ferias de la Plaza Real y la de la Catedral, las tiendas del Casco Antiguo de la ciudad.
Sus viejos sueños de coleccionista se cumplen a pequeña escala y Jaume se dedica a la compra-venta de antigüedades con las posibilidades que le permite su moderado presupuesto y unos conocimientos adquiridos a base de frecuentar a muchos de los personajes de los mercadillos y rastros de la ciudad. Él mismo se convierte en un sujeto peculiar que igual vende relojes de bolsillo, platos de época, sellos o antiguos billetes de tranvía, que compra cuadros, que hace de mediador de negocios o vende joyas y abalorios elaboradas do It yourself con los materiales más dispares: botones de nácar, festones de seda o huesos de frutas.
Su centro de "operaciones" es el antiguo restaurante del Barrio Gótico "El Portalón", en la calle Banys Nous, que a Jaime le agrada especialmente frecuentar por haber sido lugar de encuentro de personajes tan célebres como los pintores Pera Pruna, Picasso, y Manuel Blesa, o el músico Miquel Caravalls. También era lugar idóneo para encontrarse con miembros del Gremio de Anticuarios, lo que lo hacía doblemente interesante.
Pronto se abre un nuevo horizonte para el incansable Bauló con la decisión que toma conjuntamente con su esposa de restaurar la casa del pueblo que perteneció a sus suegros. Durante varios años, haciendo milagros con la economía y con ayudas ocasionales de algunos paletas o electricistas amigos, se dedica a reparar todos los estragos que el tiempo a causado en la casa familiar de Gandesa. Ese trabajo lo compagina con paseos diarios por el campo y la creación de sus pequeñas obras en madera, piedra y otros materiales que podemos ver en esta página web.
Cada vez pasa más tiempo en el pueblo, pero aprovecha los viajes de la ciudad para contactar con algunas galerías e incluso con directores de Museos buscando un "hueco" para mostrar su arte al público. A pesar de su desenvoltura y simpatía natural, no llegó a darse la ocasión propicia. En gran parte por ser un diletante, pero sobre todo por no contar con tiempo suficiente para organizar su proyecto. Además de las obras de la casa de Gandesa, participó en gran medida en la restauración de otra casa, la que su hija y su compañero de entonces compraron en la Pobla de Lilllet. Sus habilidades manuales, su capacidad para construir, montar o reparar eran conocidas y apreciadas por todos.
A sus 67 años, cuando se encontraba en un punto inmejorable de estado de ánimo y proyectos ilusionantes, la noche de un 22 de enero de 1997, le sobrevino la muerte a causa de un aneurisma de aorta fulminante. Una gran suerte la de morir sin sufrimiento para alguien que jamás estuvo enfermo, un golpe dolorosísimo para quien dejaron de disfrutar para siempre de su presencia luminosa y energética.
![]() Piezas de la colección de baldosas antiguas que Jaume Bauló exhibía en la entrada de la casa de Gandesa junto a los aperos de labranza | ![]() Recuerdo de Gandesa elaborado en madera, tinta y esmalte. Jaume Bauló dibuja iconografía típica de su pueblo: racimo de uva, olivo, escudo con una frase expresando el lema de la tierra: el millor vi del mon. | ![]() Cartel de Congreso del exilio español celebrado en la Universidad Autónoma de Barcelona en el que Jaume participa con algunos elementos comprados en los Encantes |
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![]() Mueble en las golfas de la casa familiar de Gandesa en 2023 | ![]() Imagen antigua del pueblo de Gandesa desde las viñas circundantes | ![]() Piezas de la colección de baldosas antiguas que Jaume Bauló exhibía en la entrada de la casa de Gandesa junto a los aperos de labranza |
![]() Piezas de la colección de baldosas antiguas que Jaume Bauló exhibía en la entrada de la casa de Gandesa junto a los aperos de labranza |
























